Primero fue como si despertara de un sueño
vacío, sin imágenes. Luego, la sensación de ser una figura vacía, apenas un
pensamiento gestándose en algún lugar, lentamente. Después, comencé a dar pasos
vacilantes, a ser el protagonista de escenas de acontecimientos que, casi con
certeza, creía haber vivido antes. No era una similitud, no. De pronto, siempre
confuso, yo estaba en cualquier lugar, haciendo cualquier cosa. Entonces
recordaba haber hecho algo parecido, antes, pero no exactamente lo mismo: y era
necesario que venciera imposiciones, que me moviera por mi cuenta, corrigiendo
los errores hasta ajustarlo todo: en seguida la escena recomenzaba y era más
perfecta, gradualmente iba asemejándose a ese modelo visible en que se
convertía el pasado. Esto no duró mucho tiempo: progresivamente, en ese mundo
difuso, me fui concretando. Mi cuerpo fue cada vez más preciso, mis rasgos más
definidos. Mis actos ya coincidían en todo con el invariable (y casi
explicable) recuerdo, y no tenían nada de balbucientes, y eran erróneos en la misma
medida en que fueron erróneos los otros, los que pertenecen a esa vida anterior
al sueño del que he despertado.